Darín y la "verba" lábil


¿Por qué un presidente debería rendir cuentas a Ricardo Darín? ¿Desde qué lugar reclama el actor, la necesidad de que la presidenta aclare el origen de su patrimonio? ¿Acaso alguien le pidió al actor explicaciones sobre el automóvil que ingresó al país en 1991, con un franquicia especial para personas discapacitadas y que le significó una causa en la justicia? ¿Por qué si Darín resultó absuelto por prescripción de la causa, alguien debería poner en duda la decisión de la justicia y su honestidad en adquirir esa camioneta importada?
¿Acaso un funcionario nacional, si la resolución judicial no es favorable a los intereses de quien lo denuncia, debería recibir un trato inequitativo y quedar estigmatizado por la sociedad para siempre? En ese caso la presidenta sometió su patrimonio a la investigación de la justicia y ésta determinó que no hubo ilícito alguno en la adquisición de sus bienes. Conclusión: si la presidenta, y su extinto marido, tenían que dar explicaciones, ya las dieron tiempo atrás. ¿Si es así, es necesario seguir ahondando en el tema? ¿A partir de qué parámetro la sociedad impone un trato diferencial respecto de los temas judiciales?
La estigmatización del otro se ha hecho moneda corriente en la sociedad, del mismo modo que la intervención de cualquier tipo de opinólogo en los debates más trascendentales. Poner un límite a la “verba” lábil, no es un síntoma de autoritarismo, por el contrario es la exigencia para que exista un cierto grado de responsabilidad a la hora de opinar. Esa exigencia implica tener información fehaciente, fidedigna y criteriosa. Todos no pueden opinar sobre todo. Algunos tienen un dominio más certero sobre un tema, que sobre otro. Las disciplinas, pertenecientes al campo de las ciencias políticas y sociales, pueden resultar muchas veces caminos intrincados.
No se ponen en dudas las facetas actorales de Darín, claramente uno de los mejores artistas de su generación. Gasalla fue un paso más allá al asegurar que “imaginaba” de qué forma había hecho Cristina su riqueza. Gianolla otro tanto. De un día hacia otro, y en un extraño despertar de la reflexión crítica, la Argentina amaneció con actores erigidos en columnistas de política nacional.
Sin dudas fue una “chambonada”: Darín dijo lo que dijo sin pensar que ubicadas fuera de contexto, práctica recurrente en el periodismo argentino si pretende construir agenda, sus frases cobrarían la dimensión que cobraron. Hubo de hecho cinco días en la que los medios de información se dedicaron a hilvanar todo tipo de argumentaciones respecto del significado último de lo que constituye la “opinión pública”, el rol de la sociedad, el papel de los gobernantes, entre otros asuntos. Demasiadas categorías que subyacen en la emisión de un mensaje, para ser simplificadas del modo en el que fueron simplificadas.
Escribía John William Cooke en sus “Apuntes para la militancia”: “Para saber cuáles son nuestras fallas y llegar a sus causas hay que tener una visión global de la Argentina, de las fuerzas que chocan en su seno, de las características que revisten esos conflictos”.
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