De la literatura, la crónica periodística y el arte en el fútbol


Por Walter Barboza 
Escritor argentino, Jorge Luis Borges

Hay un inicio. ¿Pero dónde situarlo? ¿Acaso en la formalidad de cuentos tan añejos como “Esse est percipi” (Ser es ser percibido), de Borges y Casares -¡Cuándo no, Borges y Casares tratando de rastrear los principios últimos de las cosas!-, o en las líneas más formales del periodismo deportivo considerado generalmente como un género menor de la literatura.
Sea como fuere el fútbol como disciplina deportiva, o mero entretenimiento entre amigos del barrio o del club, ha estimulado las más variadas reflexiones en torno de sí. Filosofía, política, arte, son elementos que lo atraviesan, que lo cruzan y que lo enriquecen, dando insumos al periodismo y la literatura para abordarlo desde las más diversas miradas: la nostálgica, la mítica, la épica, la tragedia; configurando de este modo un campo propicio, para que el periodismo deportivo y la literatura se crucen y se amiguen generosamente, si es que alguna vez estuvieron enemistados.
No hay un dato preciso, pero si debemos trazar un corte que nos permita fijar con certeza el momento exacto en el que literatura y periodismo deportivo se atraviesan mutuamente, la narración berkelyana de Borges y Casares sobre la sospechosa desaparición del estadio de River Plate, escrita en el año 1963 en las Crónicas de Bustos Domecq, quizás sea uno de los primeros cuentos sobre fútbol. No lo sabemos, pero pongamos por caso que es así, para dar un punta pie inicial a esta búsqueda. Aunque aquí no nos interese más que señalar aquellas consideraciones que hacen del periodismo en general y la literatura, un lugar de encuentro y de préstamos de registros, técnicas, estilos, formas, leguajes, signos o  palabras.
Al respecto la Profesora Graciela Falbo nos recuerda que:
“El crecimiento y la expansión del periodismo -a partir del siglo XVIII y con más fuerza en el XIX- es uno de los frentes donde se apoya una figura nacida al compás de las nuevas relaciones de producción culturales: el escritor profesional. Este escritor se caracterizará por la diversificación de su tarea en diferentes sectores de la actividad cultural, es también (o puede ser) maestro, traductor, periodista, etc. Sorteando la “torre de marfil” desde donde el “hombre de letras” habla como figura de autoridad ideológica similar al sabio, este reciente escritor tiene conciencia de un nuevo público emergente, ese que se expande en la lectura de diarios, periódicos y revistas”[1].
Es evidente que el lugar común tiene en realidad su origen en la cultura letrada anterior a los procesos de reforma política, ocurridos en toda Europa desde fines del siglo XVIII en adelante. Quién mejor que el escritor profesional, si acaso hay otro, para escribir sobre los problemas de la sociedad de entonces a través de la prensa o bien para publicar las proclamas políticas revolucionarias de entonces.   
Por caso en la Francia Revolucionaria de 1789 los datos indican que nombres como Mirabeau o Brissot, activos militantes de la Asamblea reunida en París, publicaban sus ideas a través de la prensa, para mantener un contacto activo con la población:
“Se publicaron no menos de 752 panfletos y otros impresos entre septiembre y diciembre de 1788, y 2.369 durante los cuatro primeros meses de 1789. Las opiniones contaban tanto como los intereses, igual que la violencia generada no sólo por el debate, sino por el descontento popular, en buena parte entre los campesinos. Hubo disturbios en lugares tan distantes entre sí como Rennes y Bretaña y Grenoble en el Delfinado. A partir de ese momento, el entramado de opiniones, intereses y violencia ocuparía el corazón de la historia.” (Briggs y Clavin 2000)
Jean-Jacques Rousseau, quien murió en 1778, unos años antes de verse plasmado el sueño revolucionario de la República, en 1744 utilizó por primera vez la expresión opinión publica en su Discurso sobre las Ciencias y las Artes (Rousseau, 1744); dando cuenta de la preocupación de los ilustrados por constituir un espacio social al cual dirigirse a través de la publicación de sus ideas en pasquines y libelos.
En la experiencia argentina la figura de Moreno o Monteagudo, abogados y militantes revolucionarios que luchan por el fin del orden colonial, son el claro ejemplo de cómo los sectores ilustrados son quienes propician la publicación de las  ideas de la época a través de la prensa. Moreno funda “La Gaceta” en el año 1810 y ya nada será igual en el Río de La Plata.  
Entonces cómo no afirmar que son los ilustrados, provenientes del mundo de la filosofía, del derecho y la literatura quienes siembran las tradiciones modernas del periodismo como forma de escritura. El periodismo, entonces, no solo está cruzado por esas miradas, sino que lleva sus marcas.
Ahora bien, esa forma de gestación del periodismo desde la perspectiva de la ilustración se agota en sí misma, cuando el crecimiento poblacional y el acceso a mejores condiciones de educación obligan a pensar formas y estilos más acordes con los sectores populares que lentamente comienzan a incorporarse a un mercado editorial incipiente. Ese proceso comenzará a desarrollarse en la Argentina con la sanción de la Ley Nº 1420 de Educación Común (1884) impulsada por Domingo Faustino Sarmiento[2]. Y cobrará vértigo ya entrado el siglo XX con la creación de escuelas públicas, la fundación de bibliotecas populares en los centros de fomento y el surgimiento de un mercado editorial que editará libros populares, de bolsillo y baratos.
Así lo explican los historiadores Luis A. Romero y Leandro Gutiérrez, quienes señalan que:
La sociedad porteña y sus sectores populares cambiaron profundamente entre las dos guerras. Muchos de esos procesos terminaron de madurar con el peronismo, aunque otros se interrumpieron en su desarrollo. En torno de los barrios se organizó una nueva forma de sociabilidad, se acuñaron nuevas experiencias, se recibió de un modo singular lo que venía de otras áreas de la sociedad o del Estado, se procesó, en suma, una cultura popular singular. A este proceso, sin duda complejo y hasta inasible, las empresas editoriales antes mencionadas, y los libros que editaron, ofrecen una cierta vía de aproximación. A través de los títulos vendidos por ellas es posible percibir algunos rasgos de los cambios de la sociedad, que a través de las preferencias de los lectores se reflejan en la producción de estas editoriales. Este papel pasivo se dobla en otro activo: empresas culturales, antes que meramente comerciales, sin duda ejercieron un papel positivo en la ampliación del público lector, en la orientación de sus gustos e intereses, en la conformación de su sensibilidad. Los “mensajes” que estos libros portaban fueron uno de los elementos configuradores de la cultura de los sectores populares.[3].
Inmigrantes 
En ese marco Editorial Sopena, por ejemplo, difundió la novelística europea del siglo XIX. La Editorial Tor, editó una importante cantidad de libros baratos de ficción, y articuló en proporciones similares la literatura europea y la argentina. France, Hansum, Stefan Zweig y Giovanni Papini fueron publicados sistemáticamente por Tor, junto con otros autores populares como Tolstoi, Wilde o Blasco Ibáñez.
Allí es donde cobra importancia el cruce entre literatura y periodismo y quizás su forma más cercana: la crónica. Al respecto Rossana Reguillo destaca:
“La crónica aspira a entender el movimiento, el flujo permanente como característica epocal: personas, bienes y discursos, que no solo reconfiguran el horizonte espacial de nuestras sociedades, sino señalan, ante todo, la migración constante del sentido. Sentido en fuga que escapa de los lugares tradicionales, que fisura las narrativas “legítimas”, que incrementa la disputa por las representaciones orientadoras. Multiplicidad que no se traduce necesariamente, en pluralidad (coexistencia de lo diverso en la igualdad). Un nuevo orden se prefigura y en el conflicto por su constitución se hacen visibles las narrativas que intentan comprender ese sentido itinerante, fugitivo (…)”[4].
Y esa “migración constante de sentido”, a la que refiere Rossana Reguillo, y esa disputa irresuelta, parece haber generado un tipo de hibridación, parafraseando a Wittgenstein, en la que lo que importa ahora es no fijar límites al lenguaje que impidan acotar la mirada sobre el mundo[5].
Citemos un caso de extraordinaria belleza narrativa, que refiere a uno de los más grandes jugadores del fútbol argentino, Osmar Oreste Corbatta, y que es recordado por el periodista del diario La Nación Ezequiel Fernández Moores, en el inicio de una crónica que da cuenta de su vida como ídolo de Racing y otras instituciones futbolísticas:
"Medellín -responde Oreste Osmar Corbatta- es mi casa". El periodista le pregunta entonces qué le pediría al club si llegara a volver a jugar en el Deportivo Independiente Medellín (DIM). "Yo no les pido nada... cariño". Llora. El periodista Alejandro Wall, que ya había encontrado a una hija en Noruega y recorrido clubes perdidos de la Patagonia y bares de Medellín, escucha por fin la voz del jugador que fue ídolo de su padre. Es la voz de un anciano de 49 años. Escucha también su llanto. Gonzalo Medina, periodista y escritor colombiano, le cuenta que la entrevista es de 1985. Que era su primer viaje a Buenos Aires y él también quería buscar al ídolo de la niñez. Lo encontró en El Viejo Fiorito, uno de los bares favoritos del mítico número 7 de Racing, al que aún hoy muchos señalan como nuestro mejor wing derecho de todos los tiempos. Me lo dicen también en el Atanasio Girardot, donde anoche vi jugar al Atlético Nacional. El Corbatta que, como publicó la última semana el diario inglés The Guardian, anotó acaso el segundo mejor gol de la historia del fútbol argentino, después del de Diego contra los ingleses. Se refiere al 4-0 ante Chile en la Bombonera, por eliminatorias del Mundial '58. Un gol del que no hay imágenes televisivas. Invisible. Un gol fantasma, dice Wall, que acaba de publicar "Corbatta. El wing", de un jugador fantasma.[6]
Leamos otra muestra de Fernández Moores, bajo el título “El arquero de Auschwitz”, en la que nos confirma que lo suyo nos es una eventualidad sino una práctica periodística cotidiana:
“Entre dos cámaras de gas, una cancha de fútbol. En un arco ataja Ron Jones, cabo de 23 años del ejército galés, prisionero de guerra desde 1942. De lunes a sábado, trabaja doce horas diarias en el sector E715 para la fábrica de caucho sintético IG Farben. Por las noches escucha disparos. Provienen del vecino Auschwitz III o Monowitz, el mayor campo de trabajo forzado en Auschwitz. Hay prisioneros polacos, disidentes y homosexuales. Los que no resisten son trasladados a las cámaras de gas de Birkenau (Auschwitz II). Allí, en el medio de ambas cámaras, está la cancha. El primer domingo de fútbol, Jones ve "esqueletos que caminan". "¿Quiénes son estos pobres diablos?", pregunta. "Judíos", responde un soldado nazi. En pleno partido, siente un olor nauseabundo. Prisioneros polacos le cuentan que los judíos son asesinados en las cámaras. No les cree. Jones sigue jugando fútbol con su buzo de selección de "Gales". La Cruz Roja entregó también juegos de camisetas de "Inglaterra", "Escocia" e "Irlanda del Norte". Los guardias más jovenes hacen de hinchas. A las pocas semanas, Jones acepta la verdad. "Puede sonar loco, pero tengo buenos recuerdos de esos partidos. Un gol, una atajada, discutir un off-side, eran el único modo de no quebrarse, de no pensar que podíamos ser los siguientes".[7]
Las historias de vida, los dramas y conflictos de la vida se cruzan y atraviesan en los textos de Moores. Casi no se distinguen diferencias entre el cuento, el relato y el texto periodístico.  Ahora es
El arquero de Auschwitz
cierto que del mismo modo que la crónica periodística deportiva toma prestada las técnicas narrativas del cuento y la literatura, la literatura y el cuento se nutren en buena parte de historias reales que luego son convertidas en ficción, cuando no en cine.
Roberto Fontanarrosa es un caso arquetípico. De sus historias y vivencias personales han surgido innumerables cuentos y relatos futboleros, como aquel que fuera publicado bajo el título de “Wilmar Everton Cardaña, número 5 de Peñarol” y cuyo nombre real no existe en ninguna de las formaciones del equipo uruguayo desde 1892 hasta 2007, año de la muerte del escritor rosarino.   
En el relato Fontanarrosa narra las peripecias de un volante central del equipo aurinegro, en el que cuenta los avatares de una final frente a su clásico rival, Nacional de Montevideo. En la historia es central la descripción que el escritor hace de Cardaña, a quien define como un tipo hosco, huraño, de temperamento duro y muy propenso a fracturar a sus rivales[8].
¿Si Cardaña no existió, en quién se inspiró entonces el escritor rosarino? Es muy probable que Fontanarrosa se haya inspirado en los relatos que llegaron a sus oídos de Obdulio Varela, notable número cinco de Peñarol que trascendiera a la fama por el coraje exhibido en la final del campeonato mundial del año 1950, disputado en Brasil, y que se conociera en la historia futbolera como el “maracanazo”.
A Varela se la atribuye aquella famosa frase que reza “los de afuera son de palo” y que se la habría dicho al referí que arbitró la final entre uruguayos y brasileños. La anécdota cuenta, quizás esta no sea más que una forma de contribuir a la construcción de los mitos que después se convierten en párrafos periodísticos o cuentos de fútbol, que Obdulio Varela se acercó al juez y le dijo al oído “los de afuera son de palo”, ante la inminente presión que el árbitro recibía de la torcida carioca para intentar volcar el resultado. Aunque otras versiones indican que la frase se la habría soltado a sus propios compañeros de equipo, ante el ensordecedor grito de la parcialidad brasileña. A Varela, lo apodaban El Negro jefe, lo que explica su coraje en lo futbolístico y en el carácter.[9]
Aquella final, que ganó Uruguay por 2 a 1 con goles de Schiaffino y Ghiggia tras ir perdiendo por uno a cero, fue recordada como una verdadera epopeya por el pueblo uruguayo y sirvió quizás para abonar todo lo que en el presente periodistas, relatores, escritores y cantantes de música popular, como el cantante uruguayo Jaime Roos, dicen respecto del juego charrúa: “hacha y tiza y mostrador”.[10]
Quizás las historia de Obdulio Varela haya inspirado el cuento “Wilmar Everton Cardaña, número 5 de Peñarol” de Fontanarrosa, lo cual no sería una originalidad ya que aquella experiencia vivida por el seleccionado nacional de fútbol uruguayo tuvo otras derivaciones que confirman que el arte en sus distintas expresiones, el periodismo y el fútbol están estrechamente emparentados.
Sobre Obdulio Varela otro notable periodista, Eduardo Galeano, también lo recordó en su libro de relatos “El fútbol a sol y sombra” con formidable estilo literario:   
“…la victoria de Uruguay ante la mayor multitud jamás reunida en un partido de fútbol había sido sin duda un milagro, pero el milagro había sido más bien obra de un mortal de carne y hueso llamado Obdulio Varela. Obdulio había enfriado el partido, cuando se nos venía encima la avalancha, y después se había echado el cuadro entero al hombro y a puro coraje había empujado contra viento y marea”.[11]
De las derivaciones de la derrota carioca, perviven otras anécdotas que fueron narradas bajo distintas y significativas formas periodísticas, literarias y artísticas. Nuevamente Ezequiel Fernández Moores nos da un ejemplo al recordar a Moacyr Barbosa, arquero de aquel seleccionado de Brasil del año 1950, en una nota titulada “Barbosa, la triste historia del arquero mal señalado como culpable del Maracanazo”:
“Los vecinos de la calle Joao Romariz, en el barrio de Ramos, en Leopoldina, zona norte de Río de Janeiro, creen que en el número 56 hay un incendio. El humo aumenta. En la casa, sin embargo, todo está tranquilo. El automóvil De Soto Luxo, como siempre, permanece estacionado frente a la puerta. Y dentro de casa, Clotilde, vestido claro, estampado, habla y sonríe con Moacyr, camisa de seda, short oscuro y medalla de oro de Nuestra Señora Aparecida. Moacyr ve que las llamas alcanzan buena altura, entre cerámicos y flores rojas y amarillas. Llegan invitados y curiosos. Reciben explicaciones y asisten a la ceremonia en silencio. No miran la carne, que ya está lista para ir a la parrilla. Miran el fuego. La madera que se convierte en brasas. Es 1963 y Moacyr Barbosa está quemando los postes que, trece años atrás, fueron su prisión perpetua. Son los postes del Maracanazo, la final del Mundial de 1950 que Brasil, dijeron todos, perdió por su culpa”.[12]
De notable factura periodística y narrativa, Fernández Moores retoma en 2014 uno de los temas que
Moacir Barbosa
más ha desvelado a la torcida brasileña en materia futbolística durante los últimos cincuenta años.
Otro tanto hizo el propio Eduardo Galeano quien en su libro de cuentos “El fútbol a sol y sombra”, dedicó un  breve relato al golero carioca construyendo un final en el que retoma una reflexión que quedaría para siempre guardada en la memoria de los amantes del fútbol mundial:
“A la hora de elegir el arquero del campeonato, los periodistas del Mundial del 50 votaron, por unanimidad, al brasileño Moacir Barbosa. Barbosa era también, sin duda, el mejor arquero de su país, piernas con resortes, hombre sereno y seguro que  transmitía confianza al equipo, y siguió siendo el mejor hasta que se retiró de las canchas, tiempo después, con más de cuarenta años de edad. En tantos años de fútbol, Barbosa evitó quién sabe cuántos goles, sin lesionar jamás a ningún delantero. Pero en aquella final del 50, el atacante uruguayo Ghiggia lo había sorprendido con un certero disparo desde la punta derecha. Barbosa, que estaba adelantado, pegó un salto hacia atrás, rozó la pelota y cayó. Cuando se levantó, seguro de que había desviado el tiro, encontró la pelota al fondo de la red. Y ése fue el gol que apabulló al estadio de Maracaná y consagró campeón al Uruguay. Pasaron los años y Barbosa nunca fue perdonado. En 1993, durante las eliminatorias para el Mundial de Estados Unidos, él quiso dar aliento a los jugadores de la selección brasileña. Fue a visitarlos a la concentración, pero las autoridades le prohibieron la entrada. Por entonces, vivía de favor en casa de una cuñada, sin más ingresos que una jubilación miserable. Barbosa comentó:
— En Brasil, la pena mayor por un crimen es de treinta años de cárcel. Hace 43 años que yo pago por un crimen que no cometí.”[13]
Mito o realidad, alimentado y construido en el marco de un proceso social e histórico, la triste historia de Barbosa fue el insumo de crónicas periodísticas, cuentos y relatos, y también otras formas de expresión artística como las letras de canciones populares en el Río de La Plata. Paradójicamente fue un músico uruguayo, Tabaré Cardozo, quien lo recordó con nostalgia en los versos de su canción “Barbosa”, haciendo una reivindicación de su figura y lamentando el olvido al que fue sometido.
Allí, en sus estribillos, retoma los datos que aporta Galeano en su cuento, al cantar: “Cuida los palos Barbosa/del arco de Brasil/la condena del Maracaná/se paga hasta morir”. Y nos recuerda la anécdota que describe la crónica de Fernández Moores: “Quema los palos Barbosa/del arco del Brasil/la condena en el Maracaná…”[14].
Ahora bien el cine no les fue en saga y si bien no es intención de este trabajo realizar una lista exhaustiva sobre novelas, cuentos, relatos y crónicas futboleras, sino realizar apenas una caracterización respecto de los cruces entre arte y periodismo, vale la pena destacar sintéticamente otros aportes y miradas al tema.
El de Eduardo Sacheri con el cuento “Esperándolo a Tito”, que lo llevó a la fama literaria y a escribir obras originales que fueron llevadas al cine como “Papeles en el viento”, Alejandro Dolina con sus historias fantásticas en “Apuntes del fútbol en Flores”, Osvaldo Soriano con el cuento “Gallardo Pérez, referí” y sus notas periodísticas sobre el tema. La lista es inabarcable y quizás mucho más extensa que los films y largometrajes referidos al tema: la propia “Papeles al viento”, “Metegol”, inspirada en “Memorias de un wing derecho” de Fontanarrosa, o más allá y perdido en el tiempo el film “Victory (1981)” de John Huston, en la que actuaron Sylvester Stallone, Michael Caine y los jugadores Pelé, Osvaldo Ardiles y Booby Moore. Una película con referencias precisas a un hecho trágico ocurrido en un campo de concentración alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Los ex jugadores del Dinamo de Kiev y del Lokomotiv, detenidos bajo la ocupación alemana de Ucrania, jugaron un partido frente a un equipo de oficiales alemanes que representaba al Tercer Reich bajo la amenaza de que serían ejecutados si ganaban el cotejo. Finalmente lo hicieron y tras el partido los jugadores fueron torturados o trasladados a distintos campos de concentración donde finalmente murieron[15].     
También hay experiencias narrativas que bajo la forma del género documental, y desde una perspectiva poética y comprometida desde lo futbolístico, rescatan a figuras esenciales del fútbol sudamericano, como la serie documental “Destino Fútbol”, realizada por el canal ESPN sobre una serie de grandes jugadores del fútbol mundial entre los que se destacan Sócrates o Falcao[16].
El fútbol, el arte, el periodismo, han logrado generar a lo largo del siglo XX, y en el que transitamos en el presente, un lugar común y de encuentro en el que la pasión por el deporte más popular del mundo, la técnica narrativa del periodismo y la literatura, como así también el cine, se cruzan notablemente para contar historias de victorias, de derrotas, de personajes que las llevan adelante o son participes directos.        


Bibliografía    
Luis A. Romero y Leandro Gutiérrez, Sectores Populares, cultura y política, Buenos Aires en la entre guerras, Siglo XXI Editores Argentina S.A., 2007.
Rossana Reguillo, Textos fronterizos.  La crónica una escritura a la intemperie, Pag. 44;  en Tras las Huellas de una escritura en tránsito, Ediciones al Margen, 2007, Buenos Aires, Argentina.
Ludwig Wittgenstein sostiene el parágrafo  5.6 del Tractatus Lógico Philosophicus que “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”.
Roberto Fontanarrosa, Puro fútbol, Todos sus cuentos de fútbol, Pag. 91, Biblioteca Fontanarrosa, Editorial Planeta, Buenos Aires, Argentina, año 2013.
Eduardo Galeano, “Barbosa” en  El fútbol a sol y sombra, pag. 34, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, Argentina, 1995.
Artículos periodísticos y revista electrónicas
Revista El Historiador, Sarmiento entre su civilización y su barbarie, Dir, Página WEB: http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/organizacion_nacional/sarmiento_civilizacion_y_barbarie.php
Ezequiel Fernández Moores, Corbatta, publicado en La Nación on line el 14 de septiembre de 2014: http://www.lanacion.com.ar/1937520-corbatta
Ezequiel Fernández  Moores, El arquero de Auschwitz, La Nación on line del 03 de agosto de 2016: http://www.lanacion.com.ar/1924252-el-arquero-de-auschwitz
Luis Rivera, “Los de afuera son de palo”, artículo publicado en Página sobre Tecnicatura en periodismo deportivo FPyCS UNLP,  http://perio.unlp.edu.ar/pd/node/207?destination=node%2F207
Eduardo Galeano, “Obdulio”, en el Fútbol a sol y sombra sitio web página educativa uruguaya:  http://www.uruguayeduca.edu.uy/Portal.Base/Web/verContenido.aspx?ID=207930
Ezequiel Fernández Moores,” Barbosa, la triste historia del arquero mal señalado como culpable del Maracanazo”, en La Nación on line del 19 de marzo de 2014, http://www.lanacion.com.ar/1673463-barbosa-la-triste-historia-del-arquero-mal-senalado-como-culpable-del-maracanazo
Santiago Siguero, “69 años del partido de la muerte”, artículo publicado el 9 de agosto de 2011 en Marca.com : http://www.marca.com/2011/08/09/futbol/futbol_internacional/1312870663.html
Videos On line
Jaime Roos es un cantante de música popular uruguaya que compuso una canción cuyo título es “Cuando juega Uruguay”,  en homenaje a los campeones del mundial de fútbol del año 1950. Video Oficial en https://www.youtube.com/watch?v=DSK9vBWxHG4
Tabaré Cardozo, músico uruguayo compositor de la canción “Barbosa”, samba dedicada a la memoria de Moacyr Barbosa, arquero del seleccionado brasileño de fútbol de 1950. Video en: https://www.youtube.com/watch?v=x3-JKPEqIaA
Destino Fútbol, Sócrates, en  https://www.youtube.com/watch?v=NXq6hUgBvb0




[1] Falbo Graciela, La Crónica, un género en la disolución de la frontera, 2010, http://escrituracreativa08.blogspot.com.ar/search/label/TEXTOS%20TE%C3%93RICOS-La%20cr%C3%B3nica%20un%20g%C3%A9nero%20en%20la%20disoluci%C3%B3n%20de%20las%20fronteras.%20Graciela%20Falbo
[2] Revista El Historiador, Sarmiento entre su civilización y su barbarie, Dir, Página WEB: http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/organizacion_nacional/sarmiento_civilizacion_y_barbarie.php
[3] Luis A. Romero y Leandro Gutiérrez, Sectores Populares, cultura y política, Buenos Aires en la entre guerras, Siglo XXI Editores Argentina S.A., 2007.
[4] Rossana Reguillo, Textos fronterizos.  La crónica una escritura a la intemperie, Pag. 44;  en Tras las Huellas de una escritura en tránsito, Ediciones al Margen, 2007, Buenos Aires, Argentina.    
[5] Ludwig Wittgenstein sostiene el parágrafo  5.6 del Tractatus Lógico Philosophicus que “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”.
[6] Ezequiel Fernández Moores, Corbatta, publicado en La Nación on line el 14 de septiembre de 2014: http://www.lanacion.com.ar/1937520-corbatta
[7] Ezequiel Fernández  Moores, El arquero de Auschwitz, La Nación on line del 03 de agosto de 2016: http://www.lanacion.com.ar/1924252-el-arquero-de-auschwitz
[8] Roberto Fontanarrosa, Puro fútbol, Todos sus cuentos de fútbol, Pag. 91, Biblioteca Fontanarrosa, Editorial Planeta, Buenos Aires, Argentina, año 2013.
[9] Luis Rivera, “Los de afuera son de palo”, artículo publicado en Página sobre Tecnicatura en periodismo deportivo FPyCS UNLP,  http://perio.unlp.edu.ar/pd/node/207?destination=node%2F207
[10] Jaime Roos es un cantante de música popular uruguaya que compuso una canción cuyo título es “Cuando juega Uruguay”,  en homenaje a los campeones del mundial de fútbol del año 1950. Video Oficial en https://www.youtube.com/watch?v=DSK9vBWxHG4
[11] Eduardo Galeano, “Obdulio”, en el Fútbol a sol y sombra sitio web página educativa uruguaya:  http://www.uruguayeduca.edu.uy/Portal.Base/Web/verContenido.aspx?ID=207930
[12] Ezequiel Fernández Moores,” Barbosa, la triste historia del arquero mal señalado como culpable del Maracanazo”, en La Nación on line del 19 de marzo de 2014, http://www.lanacion.com.ar/1673463-barbosa-la-triste-historia-del-arquero-mal-senalado-como-culpable-del-maracanazo
[13] Eduardo Galeano, “Barbosa” en  El fútbol a sol y sombra, pag. 34, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, Argentina, 1995.
[14] Tabaré Cardozo, músico uruguayo compositor de la canción “Barbosa”, samba dedicada a la memoria de Moacyr Barbosa, arquero del seleccionado brasileño de fútbol de 1950. Video en: https://www.youtube.com/watch?v=x3-JKPEqIaA
[15] Santiago Siguero, “69 años del partido de la muerte”, artículo publicado el 9 de agosto de 2011 en Marca.com : http://www.marca.com/2011/08/09/futbol/futbol_internacional/1312870663.html
[16] Destino Fútbol, Sócrates, en  https://www.youtube.com/watch?v=NXq6hUgBvb0
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