La UIA y el modelo


“Hemos construido una macroeconomía que, ante estas turbulencias internacionales, nos permite seguir a paso firme y sostenido (…). Los países poderosos están en crisis debido a los monetaristas, que desde 1980 fueron los grandes defensores de las metas de inflación y generaron el globo financiero más grande de la historia.” Firme, convencida, Cristina desliza sus ideas claramente. La expone ante un auditorio en el que las cabezas visibles son los núcleos empresariales (UIA), que encuentran en el crecimiento con desarrollo del mercado interno su fase más promisoria.

Atrás, muy atrás en el tiempo, quedan los efectos de la recesión, del ninguneo de la clase trabajadora como actor central en el desarrollo económico. Del desprecio por construir una sociedad con equidad.

“Si los industriales no pudimos demostrar toda nuestra capacidad, fue por falta de visión de largo plazo”, destaca el titular de la UIA, José De Mendiguren. Y sintetiza: “En la historia económica, experimentamos todos los estados de la volatilidad económica: tablitas cambiarias, Plan Primavera, Plan Austral, convertibilidad; el resultado no podía ser otro”. Está claro, se refiere al proceso de desaceleración de la economía que dio lugar a una etapa de desindustrialización que comenzó en 1976 y concluyó en 2001. La parálisis total de la economía.

Lo saben propios y ajenos. El arco opositor. El conjunto de los dirigentes que se ha quedado sin línea discursiva, porque Cristina se apropió de las palabras. Estaban ahí, a la vista de todos. Sólo que muy pocos podían verlas y los que sí lo hicieron prefirieron quedar sepultados en el fango de la historia.

Campean otros tiempos en el que, se sabe, es necesario resolver otras urgencias. El déficit habitacional, en un país con amplias extensiones territoriales, es una contradicción histórica. El problema del transporte público, deficitario para la concentración demográfica que se evidencia en el primer, segundo y tercer cordón del conurbano bonaerense. El trabajo precarizado, que tiene como principales víctimas a las poblaciones de los países limítrofes. La planificación urbana, y fabril, para evitar el traslado de cuantiosas porciones de población a los principales centros de producción, entre otros.

Sin embargo, ello no empaña los avances en materia de derechos y reivindicaciones sociales. Conectar igualdad, el presupuesto en educación, la estatización de las AFJP, la recuperación de aerolíneas, el desendeudamiento externo, el fomento del desarrollo industrial orientado a avanzar en la sustitución de importaciones. Evidentemente el proceso político se entiende a partir de un cambio profundo en las mentalidades.

Hay un estado presente, que se hace visible y juega fuerte. Contra eso, solo los voceros del pasado auguran un futuro negativo partir de la crisis internacional. Ello no lo desconoce Cristina quien ya se reunió hace más de un mes con su par de Brasil, Dilma Rousseff, para constituir un blindaje que permita fortalecer las economías regionales e impedir el ingreso de los capitales buitres que azotan al mundo.

El resultado de octubre, previsible, marcará grandes desafíos a la gestión que pondrán a prueba el modelo y sus alcances. La fortaleza del momento político es mensurable por el fuerte apoyo a la gestión de Cristina. Ante un escenario que se presume previsible, a la oposición y sus voceros sólo les queda augurar los peligros que encierra para la democracia un triunfo con amplios consensos en la población. Sólo les falta afirmar que uno de los gobiernos que más ha profundizado la democracia en la historia del país, avanza hacia el totalitarismo. Por suerte las aves de mal agüero hoy tienen poca prédica.

Share on Google Plus

About Walter Barboza