Favela de marea: Buenos Aires inundada


“El arte de vivir con fé 

Y sin saber con fé en qué”

Inundados- Paralamas do Sucesso
 

“Otra vez todo inundado… Más mala suerte no podemos tener…”, escribe con resignación, y algo de ingenuidad, un lector desprevenido en Twitter, apelando a una de las pocas herramientas a mano para dar cuenta del desasosiego provocado por una nueva inundación en la CABA. Quizás, aportando una pequeña dosis de pensamiento mágico, atribuye esa mala suerte a un capricho del destino, o a un azar inexplicable. Pero no. Lo concreto es que el problema de los anegamientos en Buenos Aires tienen nombre y apellido: Mauricio Macri.

Y no porque el Jefe de la CABA pueda controlar el crecimiento demográfico o las alteraciones propias de la naturaleza, sino por su falta de acción en trabajar para prevenir este tipo de acontecimientos. Lo peor en este caso es que los anegamientos, también, se cobraron la vida de un trabajador: un obrero del subte, de apellido Millares, que se encontraba trabajando en la estación Los Incas de la Línea B y que recibió una descarga eléctrica.
 
Tras su muerte el delegado de la empresa Metrovías, Claudio Dellacarbonara, dijo:”No creemos que esto sea accidente, sino que es un asesinato, es una muerte anunciada por parte de lo que nosotros denunciamos hace muchísimos años que es la falta de interés, la negligencia de la empresa, la falta de inversión y la falta de medios de seguridad”.

Otro tanto ocurrió en el barrio porteño de Saavedra, donde dos personas murieron como consecuencia del temporal y la falta de mantenimiento. Una de ellas, una mujer de 80 años, habría muerto ahogada en su vivienda, mientras que la otra persona por un paro cardíaco. Además, otro hombre murió cuando su auto quedó atrapado por el agua en Burela y Lebretón, de Villa Urquiza.

Sin embargo, Macri parece no tener respuesta. Sólo desliza, como una muletilla de la cual no se puede despegar, un: “la presidenta no me ayuda”. Mientras eso ocurre las muertes y pérdidas económicas se suceden sin parar cada vez que llega el otoño. Y eso que el servicio meteorológico nacional, a quien durante la jornada trágica no se le puede responsabilizar que el no haber advertido la llegada del fenómeno,  alerta permanentemente sobre la posible caída de graniza o fuertes lluvias.

En las dos horas que pasaron desde que este cronista comenzó a escribir ésta nota, Macri no salió a dar una respuesta. ¿A dónde lo habrá sorprendido esta vez el temporal? ¿En Francia, Italia, New York? Las críticas contra Macri, ya no están basadas en ninguna perspectiva ideológica, o argumentadas a partir de la elaboración teórica, sino en la objeción a su falta de capacidad para resolver aquellos problemas que costaron la vida al menos a cinco personas.

Si alguien, a esta altura, cree necesario obturar el paso de Macri para evitar el desarrollo de una construcción política que le permita llegar a la presidencia, se cae de maduro que la erosión le está llegando por el lugar más esperado: su propia necedad.

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