Walter Hugo Barboza
wbarboza@perio.unlp.edu.ar https://orcid.org/0000-0002-6126-7695
Juan Manuel Ardenghi
juan.ardenghi@perio.unlp.edu.ar https://orcid.org/0000-0001-7947-4177
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Facultad de Periodismo y Comunicación Social Universidad Nacional de La Plata | Argentina
Resumen
El presente trabajo tiene por objetivo analizar el proceso de
selección, construcción y jerarquización de la información de la tercera etapa
de la revista Crisis, cuyas ediciones
fueron publicadas mensualmente entre los meses de octubre de 1987 y junio de
1990, entendiendo que este proceso se inscribe en el marco del rol que ocupan
los periódicos como
«actores
políticos de naturaleza colectiva» (Borrat, 1989, p.10) y que se erigen en
dispositivos fundamentales para el desarrollo de los procesos políticos del
mundo contemporáneo. El mismo es un trabajo que se presenta bajo la forma de
una continuidad temporal de una artículo escrito con anterioridad por los
mismos autores («El proceso de selección, construcción y jerarquización de la
información en la segunda etapa de la revista Crisis: de la propuesta cultural al contenido político y social.») y que refiere al mismo tipo de problemáticas: analizar de
que manera la revista Crisis construye
una mirada de la realidad Argentina y qué matices se pueden encontrar entre la
primera etapa de su edición (1973/76),el segundo momento de la revista
(1986/87) y la última experiencia editorial impresa (1987/89) . El mismo
pretende, a partir de una muestra de
los números 54, 64, 73 y 80, analizar
sus formas discursivas, su propuesta ideológica y su línea editorial frente a
los profundos cambios estructurales que se producirán con la llegada a la
presidencia de Carlos Menem.
Palabras clave
Periodismo, democracia, política, cultura.
Introducción
Este trabajo se propone como una continuidad en el análisis
de la revista Crisis, cuya historia se divide en tres
etapas claramente definidas: su nacimiento
en el año 1973 y su cierre durante
la dictadura cívico-militar en 1976; su reapertura entre los años 1986 y 1987 y su última experiencia editorial, desarrollada
entre 1987 y 1990, correspondiente al período que precisamente vamos a analizar
en este trabajo.
Se trata de tres etapas claramente diferenciadas por la
especificidad de los contextos políticos y culturales que le tocó en turno
atravesar y por las consecuencias que
esos procesos generaron en la
producción editorial y periodística del medio. Porque, como sostiene Marx, a
cada época corresponde una manera específica de producción intelectual y
material, que no es ni más ni menos que el dominio que las clases dominantes
imponen sobre el conjunto de la sociedad (Marx y Engels: 1974), a lo que
Foucault responderá en cierto modo con la sentencia que reza: donde hay poder
hay resistencias (Pedreros Cruz: 2018).
Si este argumento es válido, Crisis fue uno de los tantos dispositivos creados por los círculos intelectuales para pensar desde otro lugar las distintas etapas de la sociedad Argentina: la etapa de las luchas antiimperialistas de los tempranos setenta, la lucha por el fortalecimiento del sistema democrático en la postdictadura y finalmente la transición de un cambio de gobierno que implicó la puesta en práctica de profundas transformaciones estructurales que se produjeron en la vida política, social y cultural del país, desde el momento en que se produce el traspaso de gobierno de Raúl Alfonsín a Carlos Menem.
Ahora bien ¿de qué manera llevó a cabo esas prácticas? Fue al constituirse en un «actor político de naturaleza colectiva» (Borrat, 1989, p.10) y aportando ideas a los debates de la época a través de su intervención en los procesos de construcción, selección y jerarquización de la información, que luego fueron publicadas en sus páginas y que se pueden comprender en la medida en que analizamos «qué se dice, cómo se dice, por qué se dice lo que se dice, en qué contexto, con qué fin y a quiénes se dirige» (Vialey, Ghea, Blázquez, 2019, p. 2).
Para ello tomaremos una muestra conformada por cuatro de los veintisiete ejemplares publicados en ese período. Se trata de los números 54, 64, 73 y 80, que corresponden a los meses de octubre de 1987, septiembre de 1988, agosto de 1989 y junio de 1990, entendiendo que cada uno de ellos explica la coyuntura política, social y cultural del momento y la posición del medio frente al cuadro de situación: el fin de la segunda época de Crisis, acontecida en abril de 1987, el inicio de su tercera época en octubre del mismo año, la finalización adelantada del gobierno de Alfonsín, a mediados del año 1989, y el inicio de una transición que implicará profundos cambios estructurales en la economía argentina y en las matrices de pensamiento, a partir del inicio de la década de 1990.
Interesa observar de qué manera se posiciona Crisis, en tanto actor social, frente a
la etapa más crítica del gobierno del presidente Raúl Alfonsín y de qué manera
va construyendo miradas y perspectivas en torno a las transformaciones
económicas que comienzan a sugerirse con la llegada de Carlos Menem a la
presidencia de la nación y en relación a los cambios culturales que empiezan a
vislumbrarse en la sociedad.
En tal sentido, observaremos su agenda temática, sus formas
de titular, los actores políticos que son interpelados desde sus páginas. Es
decir: qué dice, cómo lo dice y lo que deja de decir, respecto de lo que
acontece en la vida política, social y cultural
del país.
Marco histórico
El cierre de la segunda etapa de Crisis se produjo en el mes de abril de 1987, exactamente el mismo
mes en el que se cumplía el primer aniversario de su vuelta al ruedo en
democracia. Con una editorial titulada «Motivos» (Crisis: 53), en la que su
director, Vicente Zito Lema, se lamentaba del cierre de la revista, señalaba:
A la muerte de Federico Vogelius en el otoño pasado, sus
herederos continuaron editando Crisis. Era una manera de homenajearlo; mantener
viva su creación, cumplir con su deseo.
Durante todos estos meses tuvimos una cordial relación con la
familia Vogelius, reanudando la que había interrumpido nuestro forzado
alejamiento del país.
Ahora, precisamente en el primer aniversario de la segunda
época de la revista, deciden cerrar sus puertas. Nos sorprende y duele esta
decisión. Como negar que es una pérdida dura, que se une a la dura pérdida de
varios de nuestros mejores amigos. En estos últimos
tiempos varios envejecimos de prisa.
En esta primera cita, Vicente Zito Lema no deja demasiado claros los “motivos” del cierre. Solo se refiere a una relación cordial que mantuvieron con los herederos del fundador original de la revista, quien había muerto apenas comenzaba la segunda época del medio. Lo que sí queda claro es que fue una decisión que los sorprendió, quizás por la capacidad que tenía la revista de construir opinión pública en una época compleja de la política Argentina, como queda claro en otro de los párrafos de la misma editorial (Crisis: 53):
Se viven tiempos difíciles: el abandono por el gobierno de
postulados éticos contribuye a la desesperanza; la crisis moral y política que
corroe desde hace años a nuestra sociedad civil no ha cesado; estamos
aprendiendo con dolor que la
democracia es lo mejor que nos pudo ocurrir pero que ella por sí no es un
remedio mágico y que no la gozan todos los que
la merecieron, sí, muchos que la dañaron.
A ello se une la incapacidad
manifiesta de vastos sectores populares de articular una alternativa de cambio
verosímil y la creciente arremetida militar contra las instituciones de derecho
a partir de una apologética defensa del crimen organizado; la cruda realidad se
obstina en desafiarnos.
Crisis
describe aquí el contexto de desánimo por el cual
atravesaba una parte importante de los sectores políticos que se habían
comprometido fuertemente con las luchas sociales de la etapa anterior a la
dictadura militar de 1976 y que intentaban retomar algunos aspectos de ese
ideario en la etapa alfonsinista. Vale recordar que en la Semana Santa de 1987,
un grupo de oficiales militares se alzó contra el gobierno de Raúl Alfonsín
para exigirle que pusiera un punto final a los procesos judiciales contra los
efectivos de la Fuerzas Armadas involucrados en los delitos de lesa humanidad. Cuando Alfonsín salió al balcón
de la Casa de Gobierno
a explicar a la muchedumbre que se había movilizado que el planteo
militar había cesado, y que todos podían volver a casa porque “la casa estaba
en orden”, la decepción afecto sensiblemente a una población que empezaba a ver
los límites de una democracia que se presentaba como débil frente al poder
militar (Infobae: 2023).
Crisis está inmersa en ese proceso en el que la democracia parece no poder dar
respuestas a las tensiones sociales derivadas de las distintas miradas que se
ponen en juego en los debates del momento. Situación que se evidencia en las dificultades que el equipo de periodistas no puede evitar, como lo señala el propio Zito Lema en una editorial publicada en
el mes de febrero cuando se refiere a la muerte de Federico Vogelius, al
alejamiento de Osvaldo Soriano, por sus proyectos literarios, de Alipio
Paoletti, por cuestiones de salud, a las renuncias de Carlos Domínguez y Jorge Boccanera, por diferencias con la
línea editorial y la de Oscar Smoje, director de arte de la revista (Crisis:
53).
La editorial se titula «Pérdidas» y en ella Zito Lema dice:
Pérdidas definitivas unas, transitorias otras, que responden a causas distintas y que dejan dolores distintos, pero que provocan esa misma sensación de soledad y vacío que acompaña a los alejamientos, y a veces también a los cambios, por positivos que en el futuro sean.
Figura 1. Portada de Crisis
Nº 51 y Nº 53, febrero y abril de
1987 (Fuente: Archivo Histórico de Revistas Argentinas).
Pero es en el último número de esta segunda etapa en la que
Crisis marca esos matices que la
distingue del resto de los medios de su generación, al intentar mantener una
línea editorial que parece no tener correlato con las expectativas de las
nuevas audiencias y lectores de la etapa democrática. El equipo periodístico, que empieza a desgranarse, lo sabe. Por
ello Zito Lema señala:
En este resumido contexto y al costo de agravios por un lado
y de la defección del equipo original de Crisis, decidimos acentuar el perfil
de una línea editorial que considerábamos necesaria. No tenemos ni deseamos
otra posibilidad de vida que a la sombra del árbol de la República, lo que
obliga a enfrentar sin miedo a las facciones; ampliar el marco de la libertad
cotidiana; desterrar el autoritarismo, la censura y los prejuicios, impulsar
una justa distribución de la riqueza social; mantener viva lo que fue la
memoria del terrorismo de estado; y el nombre de los compañeros caídos (Crisis:
53).
Queda claro que el impacto de lo que ocurre en esos difíciles meses del gobierno de Alfonsín, melló fuertemente en el desempeño cotidiano de Crisis y ello queda reflejado en las líneas finales de la despedida que redacta Zito Lema:
Conocemos las reglas del juego, las cartas están echadas.
No hay vuelta atrás. Nos queda la tranquilidad de haber sido fieles a una
historia. Continúa siendo Crisis una de las revistas de cultura de mayor
prestigio y difusión de lengua castellana (aunque algunos les pese o intenten
negarlo; sea por ideología sea por encono personal) (Crisis: 53).
De este modo se ponía fin al segundo momento de una de las
revistas más originales que dio el periodismo Argentino entre los años setenta
y ochenta. Aunque sería por un muy
brevísimo tiempo.
Quizás nadie imaginaba la posibilidad cierta, cuando la
segunda época de Crisis llegaba a su
fin, que tan solo pasarían seis meses para que nuevamente Crisis estuviera en la calle. Lo hizo sin demasiados alardes ni
argumentaciones respecto de las razones que encerraba su vuelta a los puestos
de diarios y revistas. Tan solo una breve editorial de diez líneas, sin título
y sin firma alguna, que decía:
Desde su primera entrega, en mayo de 1973, Crisis inauguró un
estilo, un modo de interrogar la realidad dando voz a sus protagonistas, una
concepción de la cultura que evita la mirada de especialista para integrar la
poesía con el reportaje, el análisis sociológico con la obra de ficción.
Aquel país de los años ‘70 vivió vertiginosamente los tiempos
de la crisis, tiempos de esperanza y transformación. Esta Argentina morosa de
nuestros días reclama, junto a la reflexión tantas veces postergada, audacia
para imaginar una salida y espíritu abierto para escuchar a todas las
expresiones de signo popular. Por eso seguimos en Crisis (Crisis: 54).
Figura
2. Portada de Crisis Nº 54 octubre de 1987 (Fuente: Archivo Histórico de
Revistas Argentinas).
Es de destacar que esta tercera época se inicia con un
nuevo equipo periodístico y bajo una nueva dirección. José Luis Díaz Colodero,
el nuevo responsable de la revista, compró la marca Crisis a los herederos de su fundador, Federico Vogelius, con lo
cual la gran mayoría de los periodistas de la segunda etapa decidieron migrar hacia otros proyectos, mientras que
otros decidieron regresar, como fue el caso de Carlos Domínguez y Jorge Boccanera
(Manduca, 2011).
Interesa en esta apartado analizar de qué manera, siendo
que el medio se constituye en un actor social interesado en los aspectos
políticos de la actualidad, aporta elementos a los procesos de selección,
jerarquización y construcción de la realidad. Para ello podemos observar que sigue siendo un tema prioritario, desde la recuperación democrática hasta el
presente, la agenda de temas relacionados con
la actualidad política. Atrás en el tiempo quedan las épocas en las que Crisis se presentaba como una revista
destinada a los temas culturales de América Latina y el Caribe. Y a decir por
la situación de inestabilidad política y económica que atravesaba el gobierno
de Alfonsín, Crisis manifiesta
preocupación por la presencia amenazante de las Fuerzas Armadas.
En un artículo firmado por Carlos Ares, bajo el título «La
educación militar» (Crisis: 54), el columnista manifiesta a través de una
investigación periodística la ofensiva de los sectores militares sobre el
conjunto de la sociedad, realizando una caracterización histórica sobre el
proceso de formación de los oficiales del ejército argentino y su impacto en la
formación de los nuevos cuadros:
Mientras se discuten las consecuencias de la impronta militar
en la vida argentina, miles de cadetes y oficiales continúan educándose en la
esfera de una pedagogía que para la mayoría de la sociedad constituye un
misterio y de la cual da cuenta esta investigación (Crisis: 54).
Acompañan este trabajo una serie de artículos complementarios
titulados «El humanismo en botas», «Profesor en la reserva», «Orden cerrado» y
una entrevista a un cadete
militar de 21 años del cual no trasciende el nombre y que se titula
«Alguien nos mete el perro» (Crisis: 54). En los mismos se
deja entrever la clara posición que Crisis
asume frente a los planteos militares y frente a la orientación pedagógica
que marca el ritmo de la formación de los cuadros militares. De hecho en la
entrevista que se realiza entre el cadete, y los periodistas Victoria Azurduy y
Marcos Cezer, se puede reproducir el siguiente diálogo:
− La opinión pública piensa que ahora las FF.AA: presionan al gobierno para una amnistía.
− Una amnistía es para quien cometió un crimen y aquí no se
cometió ninguno.
− Es obvio que sí.
− A mí no me consta (Crisis: 54).
Aquí los periodistas no dejan pasar por alto el
negacionismo que los jóvenes en formación tenían frente a los crímenes
cometidos por la dictadura militar y le espetan que es “obvio” que sí se
cometieron crímenes durante 1976 y 1983, situación que es puesta en duda por el
efectivo de la fuerza.
Al mismo tiempo que Crisis expone
su preocupación por la política nacional, parece retornar a un enfoque que la
sitúa en su primera época, como lo señala Manduca (2011):
Los diversos contenidos artísticos y culturales que fueron
recuperados en las páginas de esta tercera
época expresan la búsqueda de un público
más ligado a consumos propios de las etapas anteriores que en diálogo
con los emergentes del nuevo momento histórico. La lista de escritores
entrevistados o la publicación de poemas y cuentos no difiere radicalmente de los que aparecieron en los
momentos previos: Cortázar, Rulfo, Monsiváis, Gelman, Rodolfo Walsh,
Moyano o Tizón son algunos de los que también aparecerán
durante estos números (…) Como contrapartida, el acercamiento a los fenómenos
culturales de la inmediata posdictadura ocupa un lugar minoritario y desde
una mirada exterior, como lo atestigua la crónica que Leo Masliah realiza del
Parakultural en el primer número de la revista, siendo prácticamente la única referencia al under porteño en los 26 números de esta
época. El eje de los contenidos siguió puesto “en lo popular”, en el arte de
los pueblos originarios, en la murga uruguaya, en el teatro barrial y no así en
los fenómenos que estaban renovando buena parte de las escenas en el continente.
En ese marco es necesario señalar que la tercera etapa arranca en octubre de 1987, un mes después de la primera derrota electoral del gobierno de Alfonsín, y en un escenario en el que el peronismo comenzaba perfilarse como posible ganador de las elecciones presidenciales de 1989. Y es que para el momento de la aparición del número 54 ya había tenido lugar el primer “levantamiento carapintada” y la sanción de la ley de Obediencia Debida que en cierto modo justificaba el accionar violento de los cuadros medios del aparato militar durante la dictadura militar. Semana Santa está muy presente en su primer número, con una entrevista a León Rozitchner, un reconocido intelectual de izquierda argentino, en la que repasa algunos de los acontecimientos políticos más importantes de la época: Malvinas y la guerra sucia, Perón y la etapa de la violencia política, el problema del individualismo burgués, entro otros temas. (Crisis: 54). En síntesis, se comenzaba a vivir el final de la primavera alfonsinista y el inicio de un momento de revisión histórica que le daba cierta continuidad a la mirada que Crisis había tenido desde su fundación.
A lo largo de esta tercera etapa de la revista, las notas
sobre política nacional no ocupaban siempre el mismo espacio: en ocasiones sólo
se podía encontrar el análisis del periodista Jozami y en el resto de la
edición temas del campo de la cultura o de política internacional que, en
realidad, se circunscribían a la
situación en América Latina
en general y de una convulsionada América
Central en particular.
Es el caso de la edición correspondiente al mes de septiembre de 1988. Un año y medio después de su vuelta, Crisis parece sostener en el tiempo su misma línea editorial. Claudio Lozano y Eduardo Jozami parecen poner la nota distintiva con sendos artículos titulados: «Hay que pasar la primavera: nuevo plan de ajuste» y «No es igual para todos: política antiinflacionaria». El primero de ellos juega con el nombre del plan económico inaugurado por el quipo que acompañó al presidente Alfonsín (Plan Primavera), en el que se evidencia la alusión al programa económico ejecutado en 1959 por el entonces Ministro de Economía de la Revolución Libertadora, Álvaro Alsogaray, quien tras describir el contexto de penurias económicas al cual se estaba sometiendo al pueblo argentino, declaró en rueda de prensa: «hay que pasar el invierno» (Felipe Pigna: 2005). Se trata de una crítica velada a las condiciones de un plan de ajuste, que en el artículo de Jozami se entiende con mayor exposición al afirmar que no es para todos igual, ya que el mismo va a afectar a los sectores de menores ingresos de la población.
Este posicionamiento de Crisis
se acentúa con una serie de columnas, entre las cuales se pueden destacar
la que lleva la firma de Julio Sevares titulada «Los salarios bajan, la
dispersión aumenta» (Crisis: 64) y cuyo contenido comienza analizando que los
salarios vuelven a ser la “variable de ajuste” del plan antiinflacionario del
gobierno de Alfonsín.
Un aspecto que vuelve interesante el desarrollo de las
notas es una serie de testimonios que los periodistas van recogiendo de la
calle y que son presentados bajo el título de «Testimonios: el país de las
caras largas» (Crisis: 64). Allí se citan las declaraciones de personas de
entre 21 y 64 años que posen diferentes oficios y desarrollan distintas
actividades como las de pasteleros, quiosqueros, taxistas o bien se los
presenta como desocupados. En líneas generales esos testimonios señalan, en un
clima de desencanto y frustración, lo “difícil” que se ha vuelto la vida en la Argentina (Crisis: 64).
Transcurrirá todo el año 1988 hasta que en el mes de las
elecciones, acontecidas de manera
adelantada en mayo de 1989, Crisis dedicará
casi diez páginas al escenario que se avecina, haciendo hincapié en el papel de
los “indecisos” y su emergencia como una figura política que empieza a
demostrar cierto desencanto con la posibilidad de elegir. Cabe aclarar que
Alfonsín entregará el gobierno de manera adelantada a Carlos Menem, ganador de
esas elecciones presidenciales, en el marco de una profunda crisis
hiperinflacionara que concluirá con saqueos en supermercados y con un clima de
agitación social creciente. Sólo en el mes de abril la inflación había sido del
33% y un mes después escalaría al 75%, para llegar al término de un año al
3620%. Sus consecuencias fuero catastróficas sobre el conjunto de la población:
un 47, 3 % por ciento de pobreza y un 17, 5 % de indigencia (Izquierda Diario,
2021).
Las declaraciones que asoman corresponden a la de los sociólogos y especialistas en medios de comunicación social Torrado, Muraro y Landi, lo que de alguna manera empieza a anticipar el clima de época de los noventa, un momento de la historia en la que la centralidad de la vida política, social y cultural estará puesta en lo que se denominó la “videopolítica” o el corrimiento de la actividad política, antes relacionada con la unidad básica y el comité, ahora, hacia regiones determinadas por la infraestructura comunicacional.
Se empieza a vislumbrar la victoria de Carlos Menem y
aparece en las principales columnas de Eduardo Jozami el nombre de Domingo
Cavallo, cuadro técnico de las corporaciones empresariales, como el nexo del ex
gobernador de La Rioja con los centros de poder financiero internacional.
La asunción de Menem y su giro ideológico generará
desconcierto en la línea editorial de la revista: en el número 73 encontramos
artículos sobre los planes de educación universitaria, sobre el problema
militar, todavía no resuelto, y sobre el CONICET, el organismo sobre temas de
investigación, ciencia y tecnología más importante del país. La sociedad habla
de una “emergencia ideológica” en espejo a las leyes de emergencia económica y
reforma del Estado impulsadas por el gobierno. Es el inicio de un nuevo período
en la matriz cultural de la sociedad argentina. El conjunto de la población,
con escasa resistencia, asume la profundidad
de los cambios estructurales que comienzan a implementarse en la vida económica y laboral de la sociedad.
En ese marco Jozami escribirá un artículo titulado «La
emergencia ideológica» (Crisis: 73), cuya bajada expresará lo siguiente:
Definida la emergencia económica y administrativa, el
gobierno consigue sin dificultad silenciar las
resistencias a los proyectos de ley.
El desconcierto y la confusión de
muchos peronistas ante tanta innovación ideológica imponen la discusión de un
modelo alternativo (Crisis: 73).
En tanto Miriam Lewin, refiriéndose al Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Tecnológicas, con el título de «Volver al ‘83» (Crisis: 73),
escribirá:
Los vientos que soplan sobre el CONICET desde el 10 de julio
no son nuevos para los memoriosos. Viejas caras conocidas, vinculadas con la
gestión Ottalagano, han vuelto a pasearse por las oficinas de la avenida Rivadavia. Las consecuencias no tardaron en hacerse sentir (Crisis: 73).
Figura
4. Portada de Crisis Nº 73 agosto de
1989 (Fuente: Archivo Histórico de Revistas Argentinas).
En beneficio de la revista, así como se señala que su
agenda cultural no se había aggiornado, podemos decir que su artículos de
política nacional aciertan sobre lo que se vendría en los años 90: en el número
72, bajo el título «La clase media en bicicleta» (Crisis: 72), Eduardo Jozami
anticipa el ajuste que va a recaer sobre la clase media y los trabajadores,
mencionando a estos como los principales excluidos en el nuevo reordenamiento
de la sociedad; Mario Wainfeld prevé que se vienen tiempos de “asistencialismo
y represión”; y Claudio Lozano,
firmando como director del Instituto de Estudios de la Asociación de
Trabajadores del Estado, describe a
la fragmentación de la clase trabajadora argentina como el resultado de la
implementación de las políticas económicas del gobierno nacional; una
descripción que va a estar presente en los documentos de la futura Central de
Trabajadores Argentinos, la que será una escisión de la tradicional
Confederación General del Trabajo (CGT) en los tempranos ‘90.
En ese número Mario Wainfeld escribe:
Asistencialismo y represión fue la respuesta de los grandes
comunicadores y la “derechizada clase política” ante la aparición de los
hambrientos en los supermercados. El estallido conmovió al país, pero nada
esencial ha cambiado en la Argentina (Crisis: 72).
Figura 5. Portada de Crisis
Nº 72 julio de 1989 (Fuente: Archivo Histórico de Revistas Argentinas).
Los sucesivos números van a girar en torno a las preguntas
y las disputas que se dan en el campo intelectual
y cultural sobre el cambio de paradigma que significa el viraje ideológico del peronismo. En el número 74
encontramos un dossier sobre peronismo y liberalismo en el que vuelcan sus opiniones, de tono crítico, algunos de los miembros del partido Justicialista que confluirían en el
Frente Grande como Carlos Chacho Álvarez y Luis Brunati (Crisis: 74). También
se advierte en los números de esta etapa un nuevo diseño de portada que pone el
acento en tratamiento de la imagen por sobre el texto, una innovación, al
parecer, derivada de aquellas
implementadas por el diario Página 12 en sus comienzos.
Figura 6. Portada de Crisis
Nº 74 septiembre de 1989 (Fuente: Archivo Histórico de Revistas Argentinas).
En la misma se puede observa una irregularidad en el uso de
colores, sin que los números, salvo la tipografía, responda equilibradamente a
un color en particular. Por el contrario hay un predominio de colores oscuros y
fuertes como rojo, violeta, verde y negro, con lo cual hay una posibilidad de
pensar que Crisis, en su propuesta estética, expresa el panorama de la época
de incertidumbre, dudas y desánimo que vive la sociedad argentina que, una vez
recuperada la democracia, pareciera que esta no puede dar respuesta a los
principales problemas sociales y económicos.
Curiosidades del pasado
y presente
En el número
75, encontramos un dossier sobre “la utopía liberal” que abarca desde la página 3 hasta la 25, con una
entrevista a Alberto Benegas Lynch (padre) que nos permite observar que nada de
lo que se dijo en la campaña electoral del año 2023 es novedoso. Lynch fue uno
de los pregoneros de la ofensiva contra las formas
de administración estatal por parte de Javier Milei, referente del liberalismo
extremo en el presente.
Bajo el título «Antes decir liberal y sarnoso era lo mismo»
(Crisis: 75), Crisis pone en contexto
la entrevista del siguiente modo:
Durante una reciente entrevista -en el programa televisivo
Tiempo Nuevo que conduce Bernardo Neustadt- el doctor Benegas Lynch acusó de
estatista -o poco menos- a María Julia Alsogaray. Por eso lo elegimos la
preparar el dossier sobre
el liberalismo para este número de Crisis y en la necesidad de contar con el punto de
vista del liberalismo más ortodoxo (Crisis: 75).
Tiempo Nuevo era un programa de tv conducido por el extinto
periodista Bernardo Neustadt, quien a fines de la década de 1980 se había
convertido en el principal pregonero sobre la necesidad de privatizar las
empresas públicas y de equipara el dólar con el peso argentino. Su programa, que se emitía semanalmente por el viejo Canal 11, hoy Telefe, era el
sitio de entrevistas periodísticas por excelencia. Ninguna temática de la
agenda política y social quedaba por afuera del mismo. Es así que por allí
desfilaron, apenas se privatizó el canal en
la década de 1990 y pasó a manos de la Editorial Atlántida, los principales
actores políticos del proceso privatizador del menemismo (La unión: 2023). Y es
con María Julia Alsogaray, funcionara del gobierno de Menem en esa etapa, con
quién Lynch discute su supuesto liberalismo. En una afirmación de la periodista
que lo entrevista, Nora Franco, Benegas Lynch responde:
−Pero históricamente está demostrado que gobiernos conservadores o liberales han utilizado la fuerza para reprimir a la mayoría el pueblo…
−No, no, no. Aquí
no hay ni vestigios de liberalismo desde hace 50 años. Y si lo que tenemos en mente en esa
pregunta es al Proceso de Reorganización Nacional ese gobierno es un ejemplo adicional
de estatismo, de prepotencia política y económica. (…) La definición más
estricta de liberalismo es la de respeto irrestricto a nuestro prójimo (Crisis:75).
Para contrarrestar el ideario liberal, Ramón Torres Molina
recuerda en el mismo número de Crisis,
que la Historia oficial ha sido escrita desde la perspectiva del liberalismo,
borrando todos aquellos documentos como el Plan de Operaciones de Mariano
Moreno, que remite a la creación de un Estado planificador desde la misma
Revolución de Mayo:
La interpretación liberal de la historia argentina es el
elemento teórico- ideológico que complementó el plan político elaborado por la
generación del `37, aplicado por los vencedores de Caseros y Pavón que culminó
con la generación del `80 (Crisis: 75).
Figura 7. Portada de Crisis
Nº 75 octubre de 1989 (Fuente:
Archivo Histórico de Revistas Argentinas).
En este número deja de escribir Eduardo Jozami, con lo cual Crisis ya no publicada notas sobre la coyuntura nacional, ni de análisis sobre el rumbo del peronismo. El número 76 es una recopilación de notas de la primera etapa de la revista y un homenaje a Federico Vogelius, el fundador de la revista en los tempranos setenta (Crisis: 76) Desde el número 77 la crítica al modelo neoliberal se realiza desde el campo de la cultura, con notas referidas a la situación del cine argentino (Crisis: 77). Hay un afán por mostrar la “realidad”, pero no por lo que tradicionalmente ha sido el periodismo de interpretación o de análisis. El número 78 lo certifica con una entrevista con el, por entonces, canciller del gobierno de Menem, Domingo Cavallo (Crisis: 78).
Figura 8. Portada de Crisis Nº 76 diciembre 1989 (Fuente: Archivo Histórico de Revistas Argentinas).
Figura 9. Portada de Crisis Nº 77 febrero de 1990 (Fuente: Archivo Histórico de Revistas Argentinas).
Figura10. Portada
de Crisis Nº 78 marzo de
1990 (Fuente: Archivo
Histórico de Revistas Argentinas).
En los dos últimos números de esta tercera época (Crisis nº
79 y nº 80), la coyuntura política, social y cultural vuelve a estar presente.
Los contenidos del número 79 refieren a un informe de Amnistía Internacional en
el que analiza la situación jurídica emergente
del compamiento al regimiento de La
Tablada. Se trata de un episodio de profunda conmoción política, ocurrido
en enero de 1989, en el que un grupo de militantes del denominado Movimiento
Todos por la Patria (MTP) tomó por asalto un cuartel militar ubicado en la
provincia de Buenos Aires, tras denunciar un intento de golpe de estado por
parte de un grupo de militares argentinos. El caso tuvo una importante
resonancia en la sociedad argentina, por las
características de la acción y los cruento del enfrentamiento. Murieron en el
combate 28 de los 40 combatientes, nueve soldados conscriptos, dos agentes de
la policía provincial y cuatro de las fuerzas federales (Crisis: 79).
Crisis, bajo el título de «En defensa de la vida» (Crisis:
79), destacará la importancia del documento del organismo internacional, ya que
posteriormente a los acontecimientos fueron denunciados una serie fusilamientos
de militantes que supuestamente habían muerto en el combate.
Amnesty Internacional, quizás -junto a América`s Wacht- uno
de los organismos defensores de los derechos humanos más respetado en el mundo
entero, acaba de dedicar su informe
del mes de marzo de este año a analizar las derivaciones del copamiento al
cuartel de La Tablada, ocurrido el 23 de enero de 1989, toda vez que en las
referidas consecuencias, tuvieron un rol protagónica tanto el poder judicial
como el gobierno argentino. Es la conducta de estas instituciones las que,
básicamente, enfoca Amnesty, preocupada por la vigencia de derechos
personalísimos a cuya observancia se hayan obligados -en virtud de tratados
específicos- la mayor parte de los estados miembros de la comunidad
internacional. La importancia del testimonio justifica -a juicio de Crisis- el
haber dedicado el tema al contenido de nuestro dossier de este Nº 79, en el
cual ofrecemos al lector una síntesis del mencionado informe, apenas más reducida
que el documento original y con destacados que algunos casos son nuestros, y en otros, de
Amnesty (Crisis: 79)
Figura 11. Portada de Crisis
Nº 76 Mayo de 1990 (Fuente: Archivo Histórico de Revistas Argentinas).
Un total de 16 páginas, de las ochenta con las cuales se
imprime la revista a lo largo de su tercera época, están dedicadas al tema, lo
que da cuenta de su interés por construir una agenda vinculada a los derechos humanos.
Además de otros dos artículos referidos al proceso de privatizaciones de los
ferrocarriles argentinos, en perspectiva histórica, a los cuales se refiere de
manera crítica con el siguiente título:
«Historias de pueblos, oligarcas y ferrocarriles» (Crisis: 79), en los que
menciona la importancia estratégica que el desarrollo del ferrocarril tuvo para
las distintas actividades económicas de la argentina de fines del siglo XIX, y
principios del XX, y que le permitieron insertarse en los mercados mundiales,
consolidar una red de comunicación territorial y el crecimiento de numerosos
poblados. El resto de sus artículos, a excepción de una nota titulada «El día
después: Las venas abiertas de Panamá», referida a la invasión norteamericana a
un punto geopolítico estratégico para ese país. Su sentido refiere al libro del periodista Eduardo Galeano, de
amplia circulación en los años setenta en la Argentina y luego reeditado en los
tempranos noventa con una mirada crítica del proceso colonizador de esta región
del mundo. La preocupación de Crisis sigue
girando en torno al problema de América Latina y el Caribe, mientras que el
resto de los artículos mencionan problemáticas culturales del universo
literario latinoamericano; del mismo modo que
la preocupación por las transformaciones culturales que son analizadas como
parte del fenómeno que los columnistas comienzan a definir como la
posmodernidad, inspirados en el texto de Francis Fukuyama y las consecuencias
derivadas de su pensamiento: el fin de la historia. En ese sentido, José
Vazeilles escribe un extenso artículo que titula «Amores y odios del mercado y
el estado» (Crisis: 1980), en el que retoma el pensamiento de Fukuyama, desde
una mirada crítica y opuesta a su pensamiento.
Figura 12. Portada
de Crisis Nº 76 junio de
1990 (Fuente: Archivo
Histórico de Revistas Argentinas).
Conclusiones
Crisis finalizará su tercera época de manera abrupta y sin anticipaciones. A
diferencia de lo que ocurrió con su primera y segunda época, la revista no
publica ninguna nota editorial para advertir a sus lectores que el Nº 80 es el
número de despedida. Acontece un contexto cultural en el que las viejas ideas
de los años ‘60 y ‘70 parecen no tener crédito, ni generar expectativas. Los
nuevos tiempos auguran un lector pasivo y ávido de cambios profundos en la vida
social y política del país, a decir por la pasividad con la que se aceptó el
cambio estructural en la vida económica del país. Y ello quedará confirmado con
la reelección del presidente Carlos Menem en 1995, cinco años después de la
despedida de una de las revistas culturales y políticas más innovadoras del panorama
gráfico de las décadas del setenta, ochenta y noventa.
Crisis era una revista para leer durante todo el mes, de acuerdo con el número
de páginas que se imprimía y la extensión de sus artículos. Pero el
público, en los años noventa ya no era el mismo. Algo de sus intereses
había cambiado. Y si bien Crisis funcionaba
como revista de análisis político, como propuesta cultural no se había
aggiornado respecto de la emergencia de los movimientos culturales
posdictadura: rock y punk rock nacional, un escaso espacio para el movimiento
underground y la reiteración de artículos referidos a García Márquez o
Cortázar, que habían sido parte fundamental de su agenda periodística durante su primera etapa.
En el ocaso de Crisis,
además, comienza a desarrollarse con mayor fuerza e innovación el diario
Página 12, que con un periodismo renovado y una agenda actualizada sobre cultura, política y sociedad logró
conectarse de manera más ajustada con el público posdictadura.
Con el fin de su tercera época, finaliza, también, una
manera de hacer periodismo. Un periodismo que en esos años contaba con sus
propios rasgos distintivos, donde se asumían posiciones claras frente al
panorama político, más allá del supuesto profesionalismo que la sociedad
demandaba de los medios de información, y se confronta abiertamente con las
líneas editoriales de los medios rivales. La claridad conceptual de un ideario
político-cultural específico fue fundamental para el surgimiento, desarrollo y
finalización de revistas y medios gráficos del tenor de Crisis, una época para la añoranza de las generaciones pasadas que
desde el presente invocan con nostalgia un momento de la historia del
periodismo en la argentina que ya no volverá.
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El cine argentino: ¿Hay que
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“Ocupar Malvinas fue un erro…”
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En defensa de la vida (mayo de 1990). Crisis, 79 (3) file:///C:/Users/espe7/Downloads/Crisis-3-N%C2%BA79-1%20(2).pdf
Historias de pueblos, oligarcas
y ferrocarriles (mayo de 1990). Crisis, 79 (25).
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El día después: Las venas abiertas
de Panamá (mayo de 1990). Crisis, 79 (44). file:///C:/Users/espe7/Downloads/Crisis-3-N%C2%BA79-1%20(2).pdf
Amores y odios del mercado y el estado
(junio de 1990). Crisis, 80 (46). file:///C:/Users/espe7/Downloads/Crisis-3-N%C2%BA-80%20(1).pdf
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