Trelew, María Angélica Sabelli y Berisso



Poco se sabe. Apenas unos datos de fuentes indirectas que recuerdan, en forma difusa o algo dispersa, su presencia en Berisso. Quizás, y es la hipótesis más fuerte que manejan esas fuentes, haya llegado en ese proceso de territorialización que vivieron los militantes populares en los años ´70. Algunos dicen que estaba clandestina en la ciudad, otros que solo se trata de una versión cuyo sentido es el de contribuir a la construcción de un mito. Disquisiciones aparte, la historia cuenta que María Angélica Sabelli vivió en Berisso tal vez entre los últimos años de la década del ´60 y 1970-71. Que habitaba una vivienda en el Barrio Banco Provincia, ubicado entre las calles Montevideo y 173 y de 30 a 34. Que vino a esta ciudad en el momento de mayor intensidad de la lucha armada, cuando las organizaciones político-militares peronistas y de extracción marxista (en sus distintas vertientes) habían incrementado su actividad con el objetivo de obligar a la dictadura del General Lanusse a llevar adelante la apertura democrática. Que había estudiado en el prestigioso Colegio Nacional de Buenos Aires. Que fue compañera de estudios de Carlos Olmedo, uno de los máximos referentes, hasta su muerte, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Que venía de la Zona Norte del Gran Buenos Aires y que le decían la petisa. Que fue responsable de los militantes Carlos Goldemberg, Sergio Paz Berlín, Adelaida “Mini” Viñas y Claudia Urondo, hijas de los escritores David Viñas y Paco Urondo.
Que el 30 de julio de 1970, las Fuerzas Armadas Revolucionarias se dieron a conocer mediante la toma de la localidad bonaerense de Garín, en un operativo que duró menos de 45 minutos. Una actividad militar bautizada “Gabriela”, a través de la cual coparon la central telefónica, dejando incomunicado al pueblo en unas pocas maniobras; tomaron el destacamento policial y expropiaron las armas.
Que en el operativo “Gabriela” participaron alrededor de cuarenta militantes de las FAR. Entre los que se destacaron Jorge y Arturo Lewinger, Carlos Alberto Astudillo, Alberto Camps, María Antonia Berger, Marcos Osatinsky, Alfredo Kohon, entre otros.
Que poco tiempo después algunos de ellos, entre los que podemos citar a Alberto Camps, María Antonia Berger, Carlos Astudillo y la propia Angélica Sabelli, serían detenidos y trasladados al penal de Rawson. Que en el intento de fuga del penal solo se pudieron escapar algunos cuadros de conducción de las principales organizaciones armadas: Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Montoneros y FAR. Que la fuga, frustrada parcialmente concluirá, con el exilio de los dirigentes Roberto Quieto, Fernando Vaca Narvaja, Marcos Osatinsky, Domingo Mena, Carlos Goldemberg, Anna Wiessen y Víctor Fernández Palmeiro.
Que la rendición de los que quedaron en el aeropuerto sin poder fugarse al exterior concluyó con su entrega a cambio de garantías de seguridad. Que las medidas no fueron respetadas y que fueron fusilados en los pabellones de la Base Militar Almirante Zar el 22 de agosto de 1972. Que entre los fusilados estaba ella, María Angélica Sabelli, “la petisa” y que tras su muerte un grupo de militantes de la juventud peronista de Berisso decidió realizar un acto homenaje a las víctimas del fusilamiento de Trelew.
Cuenta la historia que durante el acto fue colocada en la zona de Montevideo y calle 30 una placa en referencia a las víctimas. Que alguien sugirió que el Barrio Banco Provincia llevara el nombre de Sabelli y que los proyectos quedaron truncos cuando después del golpe de estado de 1976, un comando del ejército destruyó la placa y sepultó en lo más profundo de la memoria colectiva este episodio que vincula fuertemente a Berisso con la Masacre de Trelew. Son muy pocos los que, con sólo unos destellos o imágenes muy remotas, pueden aportar algunos datos. Incluso no existen documentos. Sólo testimonios orales.
Hay algo trascendental y formidable en el proceso histórico que vive el país y es que el cambio de época nos permite recuperar la memoria colectiva y revitalizar el pasado. Es un momento pleno para el revisionismo histórico, algo que el neoliberalismo impedía, no por miopía intelectual, sino por lógica teórica. Ellos hablaron del fin de la historia, pero la generación que logro ascender al poder en 2003, Néstor Kirchner es su máximo exponente, y el trabajo infatigable de los organismos de Derechos Humanos permitieron dar un salto cualitativo y cuantitativo en ese camino de reconstrucción del pasado. La tarea, vale para este caso, aún prosigue.

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