Agenda de verano: producción, empleo, inseguridad y otras yerbas

La desocupación disminuye ubicándose por debajo del 7 %, un dato histórico en un marco en el que el gobierno nacional intentará avanzar hacia una situación de pleno empleo. Ello acarrea costos y es previsible: la profundización de la puja distributiva en un contexto signado por una confrontación creciente con el líder de la CGT Hugo Moyano. Dos datos de relevancia que, por su dimensión, se asemejan al estado de bienestar que la clase trabajadora lograra consolidar a fuerza de movilizaciones y organización hasta el año 1975. Fin de la segunda etapa de desarrollo del estado nacional a través de la sustitución de importaciones.
Vuelta de tuerca en la historia, este año el estado nacional (este cronista prefiere referirse al estado y no al gobierno para no alentar suspicacias) propiciará la utilización de acero producido en la argentina para comenzar a sustituir importaciones. La medida obligará a los proveedores de la industria del acero a mejorar la calidad de sus productos. Una decisión que constituirá nada más, y nada menos, que la posibilidad de avanzar sobre una de las industrias de mayor valor agregado y que más ha crecido en el proceso político y económico abierto en el año 2003.
La “sintonía fina” avanzará sobre bancos y productoras de hidrocarburos. Con los primeros: fijando límites a la salida de capitales de las entidades crediticias radicadas en el país. Con los segundos: sancionando a las compañías petroleras (YPF, Shell, Petrobras, Esso y Oil) que vendan a un precio diferencial el granel de gasoil a las compañías de transporte público.
Los frentes de tormenta son varios. Entre ellos, también, se destaca en la agenda del estado nacional la sequía que afecta a los sectores rurales, o los controles a las importaciones con una declaración jurada anticipada.
El panorama es claro: un gobierno nacional que no pierde la iniciativa y que navega sobre la conflictividad y las contradicciones que plantea un escenario en el que los distintos actores sociales pujan por sus intereses.
¿Se trata de un contexto histórico en el que prima el pensamiento único por sobre la multiplicidad de lecturas y definiciones políticas? El pasado 26 de enero el conductor de un noticiero de televisión por cable, hizo referencia a unas declaraciones de Hugo Moyano en las que el dirigente de los camioneros cuestionaba a los funcionarios del gobierno nacional que no tenían voz propia. Lejos de profundizar el análisis, y más proclive a la simplificación de los problemas que a su complejización, criticó al gobierno por promover el “pensamiento único”. Su nombre no viene a cuento porque “en la mesa de la discusión política es una cuchara: no corta ni pincha”. Sin embargo no sorprende el uso que de Moyano hoy hacen algunos medios de información, los que intentan revolver el río para obtener ganancias con la venta de pescado.  
Se sabe, la relación de Moyano con el gobierno de Cristina no pasa por su mejor momento, sin embargo en el seno del gobierno tienen en claro en qué lugar estaba el líder de la CGT en los años 90. El MTA, línea interna de la CGT que se diferenciara del sindicalismo traidor a la clase trabajadora durante el gobierno de Menem y de la Alianza, participó activamente junto a distintos sectores de la CTA en las movilizaciones en contra de las políticas de ajuste de la década pasada. Incluso, algunos olvidan que el dirigente de los judiciales, y miembro de la conducción de la CGT, Julio Piumato, recibió un disparo en su nalga cuando se oponían junto a Moyano a la reforma laboral en tiempos de la Alianza. Moyano, precisamente, no es la cara de la entrega del país en esta historia.
En el país de la desmemoria, quienes hoy gozan de sus merecidas vacaciones y dialogan acerca de los problemas de la economía mundial y sus efectos devastadores sobre América Latina, anuncian frentes de tormentas y tsunamis de distinta naturaleza. Destacan los problemas de la inseguridad, de la imposibilidad de vivir en una sociedad en la que la vida está en riesgo a la vuelta de la esquina y de la “indecisión de los políticos” de buscar soluciones a estas acechanzas.
Dice un turista, con sus gafas negras, de bronceado serrano, con acento canchero y de sabelotodo: “el sistema los alimenta”. Y la pregunta flota como un interrogante a la espera de una respuesta precisa: ¿Quién es el sistema? ¿Los políticos que él denosta? ¿El capitalismo financiero? ¿La burguesía nacional, si es que existe? ¿Las organizaciones sociales? ¿El gobierno nacional? ¿O el propio turista con su panza prominente y su cerveza helada?
En la argentina de la inseguridad, el conjunto de la población debería reflexionar sobre este tema y hacerse cargo de la parte que le corresponde. De la nada nada surge, o bien surge algo, pues la propiedad de la nada es la de ser. En algún lugar de la historia argentina comenzó a surgir, lentamente y como parte de un proceso social, el problema de la inseguridad. Pero cuidado: en la argentina de hoy, las estadísticas indican que diariamente muere más gente en las rutas y autopistas del país por accidentes de tránsito que por robos y asaltos (a fines de 2010 eran unas 600 personas por mes en todo el país). Entonces ¿De qué hablamos cuando hablamos de inseguridad?    
El que escribe, los que leen, los que por azar llegan a esta nota, artículo o reflexión, salen a la calle diariamente a cumplir con sus obligaciones. Todavía nadie usa chaleco antibalas, ni anda armado como si las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la provincia o el resto del territorio fuera un far west.
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