La Nación y la resistencia al pensamiento monolítico

El fuerte cuestionamiento que el diario La Nación recibió de los trabajadores de prensa de ese medio, por la editorial publicada el pasado 28 de mayo en la que los directivos de la empresa hacían una extraña comparación entre la Alemania Hitleriana y el Gobierno Nacional, puso en valor un dato significativo respecto de la estructura periodística de los medios de alcance nacional: que la posición de los trabajadores de prensa, respecto al tratamiento informativo que hacen esos medios de la agenda pública,  no es monolítica.

La Revista El Tranvía dio cuenta del comunicado publicado en un blog de los trabajadores de La Nación (http://revistaeltranvia.com.ar/?p=4808) en la que advierten que “el espacio editorial es aquel que más cabalmente explicita la posición del medio y, por tanto, quienes a diario hacemos el Diario La Nación expresamos claramente que NO compartimos tamaña comparación entre un régimen ASESINO y el Gobierno Nacional, independientemente de las diversas posiciones políticas que conviven en el seno de esta Asamblea de Trabajadores”.

La claridad del comunicado viene a dar cuenta que al interior de los medios concentrados, las perspectivas sobre el proceso político que vive el país son divergentes y heterogéneas; y que los trabajadores de prensa están dispuestos a despegarse de esas líneas editoriales, si lo que se escribe en el diario roza con el disparate.

La tarea periodística tiene un grado de complejidad mucho mayor que otras profesiones. Ocurre que si un periodista está obligado a trabajar en un diario por razones económicas, y este no acompaña la línea de pensamiento de los directivos del medio, las contradicciones pueden surgir a diario e incomodar el desempeño profesional. Está claro que como “nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda”, del mismo modo nadie está obligado a escribir aquello que atenta contra sus propios pensamientos y convicciones. Es por ello que existe lo que en la jerga se conoce como la “cláusula de conciencia”, que si bien no está explicitada en ningún contrato, opera en el pensamiento a la hora de escribir.

Así fue como cansados de acompañar una línea editorial que colisiona con la práctica profesional, con el “sentido común” y con los datos de la historia, los trabajadores de prensa del diario salieron a la luz con ese comunicado.

Hay otro elemento que entra en juego y es que la propia historia del medio supone la existencia de periodistas de primera y periodistas de segunda. Los de primera tienen el derecho y el privilegio de firmar. Sus honorarios están por afuera de los convenios colectivos de trabajo y se rigen por cuantiosos contratos que implican varios salarios más que el trabajador común y corriente. Los primeros son la cara visible del medio. Los que juegan fuerte a favor de las posiciones políticas de la empresa, los que asumen como propia la ideología del medio de información. Los que editorializan y escriben columnas de opinión sobre temas de actualidad nacional. Tienen nombre con peso propio, trayecto en distintas empresas de comunicación y una opinión con cierta ascendencia en determinados sectores de la sociedad. El resto conforman la estructura sobre la cual se cimienta el trabajo diario, el de todos los días. Ese trabajador de prensa que cumple funciones en el anonimato, como en el caso del Diario La Nación, es estigmatizado por aquel sector de la sociedad que no comparte la línea editorial del medio. Por ello, rápidos de reflejos, los periodistas de ese diario salieron a aclarar su posición y a desprenderse de lastre que significa hacerse cargo del pensamiento ajeno. Lo hicieron, además, en un contexto en el que se movilizaron exigiendo avanzar en las paritarias salariales que todavía no lograron cerrar.

Hay un proceso lento, pero sostenido, de resistencia de los trabajadores de prensa que se manifiesta en la medida en que los debates sobre el rol de la prensa, la libertad de expresión, la libertad de empresa, la utilización de fuentes informativas, la concentración de medios de información, entre otras cuestiones, se profundizan en la sociedad. Ese debate es sano y sumamente enriquecedor,  y aunque se lo intente mitigar está latente y se manifiesta. Ello recién comienza.
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